No quiero ser el sol de tu galaxia

Hubo un tiempo en que quise ser el sol de tu galaxia, lo primero cuando te levantaras y lo último cuando te acostaras. Aquel que te diera calor cuando sintieras frío, luz cuando te acechara la sombra… aquél que sacude la quietud y te lleva a a la luna.

Pero ahora no. No quiero, muchas gracias. Porque ya tenes tus luchas y tus sueñitos cuando te levantas y cuando te acuestas, porque el calor lo pones en marcha en la entereza de vivir en un mundo en el que estas en desventaja. ¿Llevarte a la luna? pero si eres tú la que se mueve con ella.

 

No, no quiero ser el sol de tu galaxia.

Soltar ese anhelo me permite entender que si no me llama no significa que algo esté mal entre nosotros y que si no soy lo más importante en su vida es porque no soy lo suficientemente hombre. Porque lo más importante de su vida habrá de ser ella.

Pero para soltar ese anhelo, hay que dejar ir la idea de que la vida de una mujer (ella) no se define en función de un hombre (de ti). Que una mujer es más que un ser del cual te enamoras y con el que tienes sexo. Que más allá de ti, de nosotros, de ustedes, ella tiene una vida …

¡Y qué buena noticia! Significa que tu vida tampoco está en función de qué tan importante seas para ella.

Foto de María Castillo

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