Un desnudo

He tomado una decisión vital; comprometerme activamente con la igualdad de género. Es vital porque involucra todos los aspectos de mi vida; mis espacios laborales, mi vida familiar, romántica, mis ratos de fiesta, mi forma de pensar sobre los demás.

Quiero trascender las palabras y el discurso para llegar a acciones concretas. Y este escrito, aunque esté lleno de palabras, también será una acción.

Siempre he creído que se necesitan ciertos rituales de cierre para establecer nuevos comienzos. Hoy quiero exponerme, desnudarme  y confesar una serie de actos machistas que a lo largo de mi vida llevé a cabo pero no era consciente de que eran violentos.

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Quiero confesar y pedir disculpas: Necesito liberarme de eso para emprender este compromiso.

1- El primer episodio machista que recuerdo haber ejercido en mi vida fue a los diez años. Fui a una finca con mi mamá y me gustó una niña de ocho años que era hija de los encargados de la parcela.

Como yo era un niño (varón) de la ciudad, “hijo de patrones”, había cierta presión para que la niña consintiera a mis caprichos. Por eso ella aceptaba que jugáramos en sitios solitarios a los juegos que yo quería. Yo tenía un dinosaurio de juguete que caminaba cuando le dabas cuerda, ella me lo pedía prestado pero yo no se lo prestaba por puro egoísmo; mis intereses estaban por encima de los suyos.

Cuando la quise besar ella no quería. Así que le propuse prestarle mi dinosaurio de juguete a cambio de besos.

Por más inocente que pueda parecer esta historia, encarna un patrón machista que se sigue reproduciendo en las relaciones donde un hombre se aprovecha de su posición de poder para obtener lo que quiere de la mujer. Cambiar un juguete por un beso o un aumento salarial por sexo, tiene una misma raíz; la desigualdad de género.

Hoy le pido disculpas a esa niña porque la presioné a hacer algo que no quería, porque subestimé sus besos y los equiparé a un objeto material. Porque en lugar de haber construido una amistad con ella, prestarle mi dinosaurio, dejarme guiar por ella a través de la finca que ella conocía; opté por imponer mi voluntad. Le pido disculpas porque a lo mejor fue su primer beso y lo dio bajo condiciones indignas y no sé a largo plazo cómo pudo afectarle eso.

2-Cuando tenía catorce años estaba encantado con el trasero de una compañera de mi salón. Me gustaba tanto que quería tocarlo, así que simplemente pasé cerca de ella caminando y con mi mano la rocé disimuladamente para que pareciera un accidente (ni siquiera lo disfruté). Ella me gritó “estúpido” y yo actué como si no entendiera lo que sucedía. Cuando se acercaron mis compañeros y el profesor para ver lo que pasaba, mi “inocencia” se impuso gracias a que mis compañeros hombres me apoyaron diciendo que ella estaba loca. El profesor pareció creerme a mi o simplemente decidió no darle importancia.  De esa forma, además de acosada, mi compañera fue burlada y humillada.

Querida J, quiero que sepas que me sentí muy mal por eso y te pido disculpas. Ahora que lo pienso, también lamento que ninguna de tus amigas insistiera en averiguar lo que sucedió, en apoyarte y creerte… ellas también deberían pedirte disculpas por eso.

3-La relación amorosa más linda que he tenido inició cuando decidí hablarle a una chica de la Universidad. La vi pasar, me transmitió una energía hermosa y me dije “voy a buscarla”. Al día siguiente -era jueves- caminé por diferentes sitios del campus buscando encontrarla, cuando me estaba dando por vencido la vi caminando hacia la dirección donde yo estaba. Le dije “Hola, te estaba buscando”, nos tomamos un café, hablamos, caminamos y nos enamoramos.

Dos años estuvimos juntos, dos años donde fui feliz, dos años en los que fui el centro de atención, el centro de sus caricias, sus elogios, sus cuidados… dos años en los que yo estaba feliz y ella no tan feliz. Siempre lo supe pero me hice el de la vista gorda porque estaba cómodo. ¿Y luego? Luego me gradué, mis prioridades cambiaron y quería estar soltero. Así nada más.

Le puse una cita en la Universidad, un jueves, la invité al mismo café donde hablamos la primera vez, nos sentamos en la misma mesa, en la misma ubicación. Le terminé. Yo… así, unilateral, sin consulta, sin compasión. Le propuse que fuéramos amigos, ella aceptó porque estaba enamorada de mi y quería tenerme cerca. Yo lo sabía.

Mientras fuimos amigos la seducía para tener sexo, teníamos sexo y la confundía. Ella estaba sufriendo… no aguantó más, me dijo que no me quería volver a ver nunca más. Yo le dije “esta bien, gracias por todo” no creí que hablaba en serio. Pero sí, hablaba en serio.

Un año después la encontré en la calle por casualidad; su reacción al verme fue como la de un niño que se encuentra un perro que lo ha mordido. En sus ojos vi un corazón roto en mil pedazos.

Sólo hasta ese nomento me sentí mal, me sentí culpable. Empecé a darme cuenta de mis fallas y la volví a buscar para que me perdonara, para tomarnos un café… Y ella me rechazaba, cada vez con más fuerza, más radical… inquebrantable. Nunca accedió.

Después de una experiencia con Yahé entendí que, aunque yo creía que actuaba bien, buscarla para que me perdonara era la peor canallada que podía cometer; comprendí mi infinito egoísmo; Era Yo el necesitaba hablar con ella, era Yo el que necesitaba que me perdonara para dormir tranquilo en las noches, para espantar esa sensación en la carne… la sensación de la culpa que era como decenas de alacranes enterrándome sus patas en todo el cuerpo.. en la cabeza. Yo creía estar haciendo lo correcto pero me equivocaba nuevamente porque ella lo único que quería era que la dejara tranquila… borrar mi voz y mi nombre pero  yo no cooperaba; una vez más quería que las cosas fueran a mi manera; que ella me abrazara y ne dijera “te perdono”.

A pesar de todo, yo no me siento victimario y no la veo a ella como víctima. Me parece peligrosa esa manera de ver el machismo porque reafirma la idea de la mujer como el sexo débil. Prefiero verlo en términos de responsabilidad compartida; yo tuve responsabilidad en la medida en que actué injustamente con ella, en que sabía que sufría y no me esforzaba lo suficiente para que estuviera bien, pero ella fue responsable también  por poner mis necesidades por encima de las de ella, por callar su dolor… por permitirlo, por no exigir el trato que merecía.

4-En el colegio y en la Universidad siempre me caractericé por ser un estudiante crítico; cuando no estaba de acuerdo con una metodología o un planteamiento no tenía problema en argumentarlo y movilizar a los otros para que me apoyaran en los cambios que necesitábamos para mejorar académicamente. Hoy, en el ejercicio de reflexión  que me encuentro, me doy  cuenta que la mayoría de mis críticas más duras iban dirigidas hacia mis maestras. También debo confesar que -aunque nunca lo expresé públicamente- muy para mis adentros, mis blancos eran profesoras que a mi juicio se vestían mal o a las que encontraba poco atractivas.

Le quiero pedir disculpas a esas maestras, no por mis críticas, ya que éstas eran legitimas en sus argumentos, sino por dirigirlas especialmente a ellas y no a otros maestros y maestras que también las merecían. Pues ahora que lo pienso, tuve profesoras peores a las que nunca critiqué sólo porque las encontraba atractivas y de “buen gusto” al vestir. Les pido disculpas porque la ropa y el aspecto de mis maestros varones no influyó en lo más mínimo para activar mi radar de estudiante crítico. Porque tuve maestros varones mucho peores que ni si quiera se esforzaban en disimular su mediocridad y jamás moví un dedo para exigirles más… Tal vez porque les temía a ellos por ser hombres (en realidad no estoy seguro).

 

Pedir perdón sin hacer nada para reparar o compensar es un acto vacío y falso; es por eso que me comprometo definitivamente a hacer lo que esté a mi alcance para que exista mayor igualdad entre hombres y mujeres; me comprometo ser más consciente de mi machismo, a ser más empático con las necesidades e intereses de las mujeres y más reacio y duro con las prácticas y discursos que minimicen su valor o las denigre.

Me comprometo a poner mi humanidad por encima de mi virilidad, a esforzarme por ser consciente de los beneficios que tengo por el sólo hecho de ser hombre y no aprovecharme de ellos… a promover el amor y el respeto por las mujeres libres sin esperar nada a cambio.

 

 

 

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One comment

  1. enaramarillo · octubre 25

    pienso que mas que acciones machistas obedecen a relaciones construidas sobre el desamor. Las dinámicas patriarcales son basadas en la dominación-sumisión así es muy fácil que exista una victima y un victimario ambos ejercen su cuota de poder, ambos son iguales de violentos, parte de lo que hizo el patriarcado fue también herir lo femenino en el hombre y distorsionar lo masculino, ahora los hombres y en tu escrito esta muy presente el deseo de saldar una deuda de desigualdad y maltrato, de la cual tampoco son culpables, para aprender a abusar, dominar a otro o ser egoista hay tambien que estar profundamente abusado, abandonado y maltratado, la expresión de violencia es distinta, la del que maltrata y el que recibe el golpe (de cualquier tipo), pero la herida basica es la misma, desamor

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