Me gustas porque me descuadernas.

A lo largo de mi vida pude adquirir cierto conocimiento y habilidades para acercarme a las mujeres que me gustan. No se trata de nada al estilo “tips para conquistar mujeres”, sino más bien de cierto refinamiento dado por ensayo y error.

Contigo es diferente; porque esa lógica se rompe. No es exactamente errores los que he cometido contigo. Entendiendo el error como una acción desacertada que no te permite obtener los resultados esperados; se trata de otra cosa… de que nada de lo que haga entra en las categorías aciertodesacierto.

No me miras cuando quiero que me mires, no me besas cuando quiero que me beses, no me dices las palabras que quiero escuchar; y sin embargo estás ahí y de alguna forma que aún no entiendo me haces saber que te gusto y te intereso.

Y así, descuadernándome, desbaratando mi proceder, haces obsoleto mi repertorio.  Cosa que agradezco porque me has hecho consiente que  –aunque me duela admitirlo y vaya en contra de lo que creía de mi mismo–   era unilateral para seducir. Generaba unos estímulos, esperaba la reacción de la chica y me acomodaba a las circunstancias. Me haces consciente de que en el fondo… muy en el fondo, creía a las mujeres iguales, simples y manipulables.

caos

Y eso me lleva a descubrir mi inmenso egoísmo, a entender por qué el romance me genera estrés y por qué establezco relaciones sufrientes con las chicas que quiero. Me llevas a entender que el criterio para considerar “estar bien con alguien” no era más que el nivel de correspondencia de mis deseos con sus acciones; el nivel en que ellas satisfacían mis necesidades.

Evidentemente hay mucha responsabilidad en ellas porque ninguna me descuadernó desde el principio… sólo cedieron y cedieron al punto de volver insostenible la relación. Y tal vez cedieron a mi egoísmo porque a cambio recibían mi ternura, mi pasión y buen trato… y porque el mundo está lleno de tantos idiotas que es mejor  egoísta majo que egoísta maltratador. O a lo mejor sí me intentaron descuadernar pero no tuve la capacidad e intención de verlo, porque me faltó empatía y sensibilidad.

Me invitas a despojarme de artilugios y a establecer una conexión genuina y sensible contigo, a conectarme con lo que quieres, o lo que es mejor, a descubrir juntos lo que queremos. A quererte y satisfacerte como a ti te gusta que te quieran y te satisfagan… y no como a mí me gusta hacerlo.

Me invitas a bailar una música que nunca había escuchado… o lo que es mejor, me invitas a escuchar la melodía de tu ser mientras bailo con zapatos nuevos.

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