Follé contigo pero no quería.

Me siento terriblemente mal porque, aunque me prometí no volver a hacerlo, he vuelto a tener relaciones sexuales sin quererlo realmente.

Nadie me obligó pero me sentí obligado. Siempre me hace sentir obligado cuando son ellas quienes toman la iniciativa. Antes, cuando era un adolescente, aceptaba sin querer para que no pensaran que era gay; ahora que estoy seguro de no serlo, acepto porque algunas chicas no han reaccionado bien ante la negativa, o porque no quiero lastimarles su orgullo, porque se supone que vale más cuando son las mujeres las que proponen.

Otras veces acepto porque la chica en cuestión me cae bien y siento que debo hacerlo para no perderla como amiga, lo he hecho por lastima o simplemente porque quiero evitar el momento incomodo del rechazo.

Es curioso porque ahora mismo, mientras escribo esto, me doy cuenta que sólo he descrito cómo las circunstancias me presionan a aceptar algo que no quiero hacer. Si lo pienso bien, también siento presiones internas, que vienen de la imagen de lo que un hombre debe ser. Una imagen que se construye desde la infancia cuando uno oye conversaciones de la gente grandey sigue reafirmándose durante toda la vida, en especial en el colegio cuando uno oye a chicos de cursos superiores contar sus faenas (y aunque en el fondo todos sabíamos que esas faenas eran mentiras o exageraciones, de alguna manera preferíamos creer en ellas).

Se supone que un hombre siempre tiene ganas, siempre está listo para aprovechar la oportunidad cuando se le presente. Nos han enseñado que el sexo es un ritual parecido al del depredador y la presa, donde la presa huye… se escabulle y el depredador, sutil, estratégico y hambriento persiste hasta devorarla.

Pues yo me niego a eso, maldita sea, me niego a ser un depredador… soy un hombre, no un tigre. Y también digo no, no y mil veces no;  las mujeres no son presas.

Creo que  el paradigma presa-depredador es absolutamente erróneo, los hombres no debemos sentirnos obligados a siempre tener apetito sexual, ¿Por qué carajos tenemos que preocuparnos tanto de ir a una fiesta con una chica o en su defecto regresar con una? ¿Por qué nuestra autoestima como hombres depende de eso?

Ahora bien, las mujeres tampoco son una presa, porque a diferencia de una conejita asustada que sufre cuando la atrapan, en el juego de amor las mujeres sí quieren ser “devoradas”… quieren devorar, para ser más literales, y disfrutan haciéndolo.

Creo que este paradigma no sólo es erróneo sino dañino, nos lleva a tener relaciones sexuales vacías, falsas  y poco placenteras. Nos lleva a los hombres, con la noble intención de jugar al cazador, a comportarnos como idiotas y acosadores inconscientemente. Nos lleva a pensar la (peligrosa) estupidez que cuando una mujer dice “no” es “si”.

Pero volviendo al tema de follar sin querer, yo me pregunto ¿por qué cuando una mujer rechaza a un hombre hay tanta naturalidad, pero cuando un hombre rechaza a una mujer es todo un desastre?

Cuando un hombre dice “no” su identidad sexual se ve cuestionada (“es un maricón”) o termina siendo un idiota o petulante.

¿Por qué a los hombres nos da tanto miedo aceptarnos a nosotros mismos que una chica no nos excita lo suficiente (así sea físicamente atractiva), que no nos sentimos en suficiente confianza o que simplemente no nos da la gana?

Creo que muchas de las falencias sexuales masculinas (en particular la eyaculación precoz) ocurren porque  los hombres tienen sexo sin estar realmente interesados, o lo hacemos motivamos por la idea de ser seres supersexuales, presionados a darle una faena sexual inolvidable a la chica.

Muchas mujeres dicen que los hombres follamos solo con el pene, sólo para satisface nuestro deseo; la verdad es que muchas veces lo hacemos pensando en darles todo el placer del mundo, en oírlas gritar y pedir mas (y darles mas) como en las películas porno que tanto nos confunden; lo hacemos para satisfacer nuestro ego de macho, una imagen que nada tiene que ver con ser hombre.

Follé contigo pero no quería, y al hacerlo me falté al respeto a mi, a ti y al hermoso y mágico acto del sexo. Probablemente luego me sentiste raro y no entendiste por qué y tal vez empezaste a maquinar y pensar en qué pudiste fallar… o probablemente estoy siendo un ególatra al pensar que me diste tanta importancia probablemente tú si querías y te lo pasaste bien y no te importaba tanto lo que pasara por mi mente.

 

La foto es de Juan Felipe Rubio

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