Crónica de una aventura: Círculo de Hombres y Amor propio (1° Resumen).

Hace unas semanas un amigo y yo convocamos por redes y afiches en la calle a un Circulo de Hombres con el propósito de vivir el amor propio.

¿Qué puede suceder cuando 18 hombres, desconocidos entre sí, se reúnen entorno al amor propio? Para quienes sientan curiosidad, pero sobre todo para los valientes asistentes, le voy a compartir mis impresiones. Pero antes, permítanme contar de dónde surgió este primer Círculo.

Yo llevaba casi un año buscando espacios masculinos para hablar del hecho de ser hombre, y aunque se dice que vivimos en una sociedad dominada por hombres, son escasos estos espacios. ¿Paradójico no?

En fin, en esta busqueda llegué a asistir a tres encuentros;

El primero fue en una Universidad pública, era mixto, se centró en críticas clichés a la publicidad machista y a meterle la culpa de todo “a la sociedad capitalista y patriarcal” otro tanto se habló sobre la diversidad sexual.

El segundo, en una Universidad privada, sólo hombres, fue tremendamente académico y estructurado, debíamos usar un texto como referencia de discusión; el texto también le echaba la culpa a “la sociedad capitalista y patriarcal” de todo.  Los organizadores escribían en una pizarra el orden de la palabra y cuando llegaba a quien la había pedido, ya no tenia sentido ni pertinencia lo que cada uno decía. Muchos participantes se argumentaban y contra-argumentaban entre sí con planteamientos políticos y teóricos para hablar contra la derecha o explicar que debíamos proteger a las mujeres del patriarcado (¿Debo mencionar lo contradictorio de esto?). Otro par estaban excesivamente interesados en dejar claro que ellos eran “hombres diferentes”.

El tercer espacio fue en en el ático de una tienda de artesanías y prendas de lana. Sólo hombres. La verdad nunca entendí de qué se trataba el círculo. Habían muchas hierbas en la mitad, sahumerio, tambores y colonias. La mayoría se conocía entre sí. ¡Mucho humo de los inciensos! Todos mostraban gran interés en proponer alguna actividad… leer un escrito a mano, proponer un ritual, alguna meditación, cantar, tocar el tambor, dar su opinión, etc. Sólo podíamos hablar cuando tuviéramos en las manos un ramo de hierbas que rotaba y representaba el permiso de usar la palabra.

Habíamos unos tres que estábamos medio desubicados allí. Con uno de ellos, un hombre de unos 40 años, grande, pulcro, moreno, con un jovial rostro de ejecutivo, mencionó en un lenguaje sencillo estaba intentando recuperarse de una ruptura amorosa y reinventándose como hombre. Luego me enteré que era de esos empresarios empleados de su propia empresa, muy trabajador, padre de cuatro y  que su pareja lo había dejado.

Nos hicimos grandes amigos y como ambos teníamos la idea de trabajar en torno al bienestar masculino y teníamos cualidades complementarias (él bueno para gestionar y ejecutar planes y yo, estudioso de la condición humana y facilitador de talleres grupales),  terminamos haciendo el primer círculo.

1º CÍRCULO DE HOMBRES; VIVAMOS EL AMOR PROPIO.

Fueron llegando de a poco, el ambiente estaba tenso, raro… silencio incomodo. Mirar las paredes, el techo. La diversidad no ayudaba… algunos con muy en forma, medio deportistas, jovencitos de veinte, hombres cuarenta y tantos, algunos tipo obreros, otros onda más artística, unos con cara de oficinistas, uno súper místico. Unos muy rudos… casi toscos, otros más sofisticados, delicados. Había de todo.

Mi amigo me propuso que pusiéramos música o les buscáramos conversa mientras los otros terminaban de llegar. Mejor no, le dije; mejor que se las tengan que arreglar con la incomodidad…  con la tentación de huir.

Y es que… ¿De qué habla uno, o qué se debe hacer antes de empezar un Círculo de Hombres?  Nadie lo sabía…  no hay referentes; en ese momento tan simple, sin planearlo, estábamos inventándonos nuevos modos de ser hombres.

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Acá un burdo resumen de las partes en que hablamos, pues la mayoría fueron experiencias no verbales

  • Lo que nos gustaba y no nos gustaba a cada uno sobre nosotros mismos (frente a un espejo)

ME GUSTA DE MI: Capacidad de transformar cualquier experiencia en algo útil/ Energía creativa/ Alegría/ Honestidad/ Perseverancia/ Haber hecho de mi pasión mi trabajo/ Mi alegría, las ganas de jugar y entretenerme/ Positivismo y dedicación/ Resiliencia/ La intensión al relacionarme/ Alegría y bondad/ Entrega y amor incondicional.

NO ME GUSTA DE MI: Me hago demasiadas expectativas con la gente, siento inseguridad con otros hombres/ Me cuesta romper estructuras / me conozco poco/ Dejo pasar oportunidades por pensar demasiado / Falta de fe/ Mal genio/ Falta de confianza y falta de valor/ Mal carácter/ Dificultad para darme cuenta de las cosas lindas que tengo en mi vida/ Impaciencia y falta de disciplina/ Me importa demasiado los demás y me exijo mucho/ Mi dependencia emocional.

  • Algunas impresiones después de mirarnos a nosotros mismos individualmente y escuchar lo que los otros se decían a si mismos.

“Es importante conocerse mejor”.

“Es difícil enfrentarse a la imagen que uno tiene de uno mismo porque como hombres estamos constantemente cumpliéndole a otros ¿Cuántas personas dependen de mi? ¿Y cuánto yo recibo de esas personas?  ¿qué tanto me puedo apoyar en ellas?”

“Suelo dejarme abandonado, no me permito tiempo para mi,  debo preocuparme de mi, estar conmigo… dejar de postergarme”

“Sentí ganas de llorar cuando me vi en el espejo preguntándome lo que me gustaba y lo que no me gustaba de mi”… “yo también” (dice uno)… “yo también” (dice otro, y otro y yo)… Parece que a todos nos pasó lo mismo,  pero llegamos hasta las ganas, ninguno lloró. Qué difícil es llorar!

“Mirarte a ti mismo es una tarea difícil, vital… y evadimos esa tarea buscando dinero”

“Cuando pago cuentas, cumplo con las exigencias a los demás.. y digo ‘estoy bien’.  Un estar bien que en realidad es ya le cumplí a los demás” 

“Qué rico que cada uno buscara su propia espiritualidad a su manera”

“Me sorprendí de ver lo que vi en el espejo, ver cosas que desconocía de mí.”

“Solemos estar desconectados de una pregunta fundamenta: ‘¿Cómo estoy?’ ‘¿Cómo amanecí hoy?’ ‘¿Qué me está afectando?'”

“El enfrentarse a la propia imagen resulta ser una experiencia fuerte, incómoda por la educación que recibimos como hombres; estar constantemente demostrando a las demás personas. Y ese es un estereotipo muy exigente, muy difícil de cumplir,  te hace crecer con muchas inseguridades por no encajar con las demandas de lo que se espera de ser hombre.

“Vivimos en una constante auto-violencia por exigirnos tanto”.

“En los años 80’s en Chile los hombres no podían usar el espejo Chile” Acá un par se preguntan si en otros países de Latinoamérica  son más machistas que acá. Especulan que sí, que tal vez “allá” (en el resto de Latinoamérica) las mujeres  tienen el machismo más asumido. Algunos consideran que las mujeres chilenas lo tienen menos  asumido porque lo discuten y cuestionan más.

  • Después  cada uno escribe una nota para sí mismo haciéndose una confesión y dándose un consejo.

CONFESIONES: “Te falta auto-escucha y apertura/ Eres egoísta y no te haces cargo por comodidad/ Te importa lo económico más de lo que crees, tienes miedo de morir solo/ No te dejo descansar y soy más exigente de la cuenta/Perdí fe en mi poder y mis capacidades/Te confieso que ya no me gustar tu forma de vida/Estas todo el tiempo pensando.”

CONSEJOS: “Se más honesto, no te faltes tanto al respeto/ Ten más paciencia y ten más confianza/ No seas tan ingrato y demuestra más interés en tus círculos sociales/ Respira, dejarte caer una vez por semana, ve donde nunca has ido y haz lo que nunca has hecho (como estar acá)/Aclarar tus ideas y tomar el rumbo de tu vida/  Aprovecha la vida, que nos se te pase sin hacer algo/ Cuídate más, vive la vida/Recuperar fe en tu poder y capacidades/Sube tu autoestima/ Ponte a a ti por encima de otros/Haz lo que quieras hacer y deja de pensar en el dinero.”

  • Al final nos obsequiamos una piedrita semi-preciosa (¡cargada con la luna y todo!) que simbolizaba lo que cada uno se llevaba.

¿QUÉ ME LLEVO? “Mirar para dentro/ Permitirme ser / No tener miedo a lo que uno es/  Me los llevo a ustedes y también me llevo una confesión/ Trabajo, motivación y el recuerdo de esta experiencia/ Me llevo el haber compartido con ustedes que fue hermoso/ Me los llevo a ustedes, el saber que hay diversidad de expresiones de la masculinidad/ Me llevo responsabilidad conmigo mismo y con los otros/ Me llevo tareas para la casa, trabajar con uno mismo/ Me llevo trabajo/ Me llevo la experiencia de haber compartido con hombres sin ánimo de competencia o sobresalir o sentirme opacado porque normalmente hay luchas de ego entre hombres/ Tarea de trabajar en lo mio e incorporar los puntos de vista de otros/La buena onda de todos, me auto-evalué a través de otros/ Placer y cariño de habernos dado este tiempo, trabajar las emociones de cada uno/Agradecer todos los consejos que escuché/ Me llevo el el romper los patrones/ Me llevo la importancia de acompañarse, replicar  lo que hacen las mujeres de reunirse, hablar entre ellas y resolver sus nudo y penas; porque los hombres podemos hablar de todo menos de cómo estamos/ Gratitud a todos, saber que es el camino correcto, saber que no soy el únicos que sufre/ Ver que pasa cuando nos negamos la contención, o no reconocer que necesitamos ser contenidos /Tenemos que abrazarnos entre nosotros mismos y no esperar que una mujer nos abrace”.

Fin del resumen y comparto una pequeña reflexión…

Quiero aclarar que los espacios previos a los que había asistido no fueron del todo malos así la descripción que hice al principio haya sido un poco ácida. Estoy seguro que a algunos de los que fueron les sirvió. Y de hecho seguiré asistiendo cada vez que pueda.

El problema era que terminaban siendo muy cerrados, con poca apertura a la diversidad de masculinidades. Pero sobre todo, me parecían encuentros insípidos.

Y hasta ahora entiendo que eso era lo que me pasaba.Y hasta ahora entiendo por qué.

Lo que yo necesitaba o deseaba de encuentros de hombres era salir tocado, removido… Y eso no pasaba. Y no pasaba porque todo era muy impersonal, las metodologías no exigían a los participantes involucrarse, exponerse. O se centraban mucho en los contenido (temas, teorías, textos) o demasiado en el formato (ritual, ceremonia) pero poco en los hombres reales que participaban ahí. Esto se prestaba para evadirse a través de argumentaciones complejas o explayar el ego de “hombre muy pro”,  “crítico” “intuitivo”, etc. Se prestaba para eludir la responsabilidad propia, real de cada uno por hablar de la “sociedad capitalista y patriarcal”.

Además de la diversidad de hombres, hubo dos cosas que me gustaron mucho del primer Circulo de Hombres que hicimos; una que hablamos poco, y dos, que lo poco que hablamos surgió desde la emoción, no desde la razón.

Nunca se mencionaron palabras como patriarcado, privilegios, relaciones de poder, género o feminismo. Pocos estaban familiarizados con esos conceptos. La mención sobre las mujeres fue mínima. Sólo eramos un grupo de hombres exponiéndose ante los demás; dieciocho hombres que al desnudar nuestras almas nos dimos cuenta que pese a las diferencias, estamos atravesados por la misma fragilidad, inseguridad, abandono, exigencia, auto-violencia, egoísmo… que compartíamos la misma necesidad de cuidado, auto-conocimiento, conexión y apoyo mutuo.

Nunca hablamos del amor propio, descubrimos que lo necesitábamos y abrimos un camino para encontrarlo.

*

Todo esto nos motivó a realizar el 2° Circulo de Hombres, esta vez orientado a Descubrir nuestras emociones. 

Y a mi me motivó a lanzarme de una vez por toda con mi proyecto, un taller que permitirá a los hombres abrir una puerta conectarse con su poder personal y conectar con las mujeres como nunca en el plano sexual y emocional. 

 

Ah! Olvidaba mencionar que el evento llamó la atención y nos hicieron una crónica en el diario. Fue divertido y motivante, aunque tiene algunas inprecisiones.

http://www.estrellavalpo.cl/impresa/2017/10/23/full/cuerpo-principal/8/

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No quiero ser el sol de tu galaxia

Hubo un tiempo en que quise ser el sol de tu galaxia, lo primero cuando te levantaras y lo último cuando te acostaras. Aquel que te diera calor cuando sintieras frío, luz cuando te acechara la sombra… aquél que sacude la quietud y te lleva a a la luna.

Pero ahora no. No quiero, muchas gracias. Porque ya tenes tus luchas y tus sueñitos cuando te levantas y cuando te acuestas, porque el calor lo pones en marcha en la entereza de vivir en un mundo en el que estas en desventaja. ¿Llevarte a la luna? pero si eres tú la que se mueve con ella.

 

No, no quiero ser el sol de tu galaxia.

Soltar ese anhelo me permite entender que si no me llama no significa que algo esté mal entre nosotros y que si no soy lo más importante en su vida es porque no soy lo suficientemente hombre. Porque lo más importante de su vida habrá de ser ella.

Pero para soltar ese anhelo, hay que dejar ir la idea de que la vida de una mujer (ella) no se define en función de un hombre (de ti). Que una mujer es más que un ser del cual te enamoras y con el que tienes sexo. Que más allá de ti, de nosotros, de ustedes, ella tiene una vida …

¡Y qué buena noticia! Significa que tu vida tampoco está en función de qué tan importante seas para ella.

Foto de María Castillo

Fuiste cómplice de violación #NiUnaMenos

A vos que sos hombre te hablo.  Que te parta un rayo si estás compartiendo imágenes o frases rechazando la violencia machista para quedar bien o por la autocomplacencia de ser políticamente correcto. Esta mierda es en serio, ya es hora de aceptar que  algo nos pasa, que tenemos una imagen atrofiada de ser hombres.

No te engañés con la idea de que los hombres que cometen esas atrocidades son unos dementes.

Mirá, te lo digo de frente; la diferencia entre vos y un hombre que viola, tortura y asesina no es tan grande como crees. Cuando estamos de fiesta y alguien dice “vienen unas amigas” y lo primero que piensas es que “tal vez tenga posibilidad de follar esta noche” es porque estas infectado de la raíz de la violencia machista. Piénsalo. Cuando le has insistido a una nena que tome más alcohol y en el fondo guardas la esperanza de que ese trago de más te ayude a llevártela a la cama estás actuando como un violador. Cuando te presentan a una mujer y hablas con ella y al final del día te acuerdas más de sus tetas y su culo que de lo que hablaron. Cuando haces piropos fuera de lugar, cuando insistes en coquetearle a una nena que no te corresponde, cuando le cuentas tus faenas sexuales a tus amigos sólo para alardear de tus virtudes de “hombre”, cuando llamas puta a una mujer que no se hace rogar.

Hablemos. Hablemos entre hombres sobre esto, nuestro silencio las está matando. Te apuesto que has conversando con violadores, maltratadores y hasta asesinos de mujeres en más de una ocasión en tu vida; sólo recuerda esas ocasiones en las que otro hombre te hizo un comentario o chiste machista y vos te quedaste callado o te reíste… pues bien, eso ya te hace cómplice.

Eres cómplice cuando no te cuestionas tu machismo sólo porque no golpeas o violas mujeres.

Propongo que empecemos a hablar de esto, que no dejes pasar desapercibido ningún comentario denigrante en tus conversaciones, que te manifiestes ante situaciones en las que en tu trabajo o estudio las mujeres quedan en desventaja, que hagas o digas algo cuando estén acosando o piropeando a una mujer en la calle.

¿Te crees muy hombre? Enfrentá estas situaciones, confronta con otros hombres y da la pelea más digna de tu vida.

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10 pasos para pasar del No al Sí

(Columna originalmente publicada en el portal de periodismo independiente Las2Orillas.co)

La posición de las personas que están pensando en votar No al plebiscito de los Acuerdos de Paz en Colombia representan un sentimiento colectivo muy válido y respetable.

En un país que se ha narrado desde la violencia, que la ha asumido como un elemento natural que nunca va a desparecer, que ha sufrido desilusiones de otros diálogos frustrados, que aprecia más valores como la fuerza, el tener los pantalones bien puestos,  la sospecha (no dar papaya) y el ojo por ojo, unos acuerdos de paz entre “enemigos públicos” implican un cambio de chip demasiado grande e inesperado. No debe sorprendernos la cantidad de gente que está pensando en el No.

Es por eso que lo que hay en juego detrás del plebiscito es mucho más profundo que lo político, es un asunto de humanidad; pues la decisión compromete el estado del alma. Requiere estar informado pero va mucho más allá, pues si usted se lee los acuerdos desde el miedo, obviamente no le van a gustar, le va a parecer riesgoso e indignante aceptar algunos de los puntos; si los lee desde la esperanza, va a ver un montón de oportunidades para el cambio y estará dispuesto a ceder. Ambas cosas pertenecen al mundo del corazón, no de la razón. Técnicamente hablando, miedo y esperanza se refieren a cosas que no están presentes; fantasmas y fantasías.

El verdadero dialogo de paz es este, el de dos posturas de vida; una centrada las heridas del pasado y otra en las posibilidades del futuro, ambas son válidas y aunque triunfe el Sí en las urnas, la otra visión va a continuar por largo rato y es muy importante que aprendamos a convivir con ella.

Aquí algunas instrucciones para abordar la posición  de quienes no quieren aceptar los acuerdos:

1-Respire y reconcíliese internamente con esa postura: Es lo más coherente ¿no? si usted apoya las paz, tiene que hacer las paces con quien piensan diferente. También es importante que no se deje contagiar por el estilo acalorado y  no caiga en la cadena de violencia al momento de manejar la discordia.

2-Póngase en su lugar: Comprenda que la mayoría de quienes van por el No son personas que también desean lo mejor para el país sólo que estaban convencidos de que no se llegaría a los acuerdos  finales y  hoy sienten su orgullo herido.  A ellos se les dificulta más perdonar que a usted, le cuesta mucho creer en la guerrilla y en el gobierno, les indigna ver a Timochenko e Iván Marquez sonrientes; en su mente están imágenes de la guerrilla masacrando gente y violando a menores, y hasta que no sanen esas imágenes no podrán visualizar un futuro sin guerra.

3-No los ataque: Considerarles inferiores, insinuar o decir que son “enemigos de la paz”, “ignorantes”, “El odio”, “nazis”, “paramilitares”  es irrespetarlos y reproducir la violencia que queremos acabar. Al atacarlos no estamos eliminando el rencor que tienen, sólo los pone a la defensiva y polariza más el diálogo.

4-Olvídese de Uribe: El ex-presidente tiene un carisma, temperamento y habilidades comunicativas que lo hacen un líder innato. No valen los falsos positivos, sus amigos presos  y prófugos; el uribista o no cree o no le importa eso. El actual senador es un ídolo, como lo es James o el Papa Francisco y sólo el tiempo lo llevará a su ocaso. Burlarse de su líder sólo fomenta el voto del No como reafirmación de lealtad y politiza el camino a la paz que va mucho más allá de los políticos de turno.

5-Evite enfrascarse en la denigración del gobierno: Las embarradas y contradicciones de Santos liderando los acuerdos, los niños que mueren en la Guajira, el precio de la gasolina, los problemas de salud y educación, son temas que distraen del debate del plebiscito. Deje claro que una cosa es el mal gobierno de Santos y otra es la Construcción de Paz.

6-Considere sus puntos de vista: Muchos de los reparos que tienen ellos son bastante legítimos y es nuestra responsabilidad debatirlos con altura; la participación política de las FARC, el apoyo económico, la no cárcel y el juzgamiento a militares. Tener en cuenta que el nacimiento y la lucha de las FARC siempre ha sido la participación política, que |a justicia no sólo es castigar al victimario sino reparar a la victima y que  ningún proceso de paz del mundo a contemplado cárcel (pues nadie negocia para ir a la cárcel), que es más condenable cuando un militar que está obligado a defender la Nación viola o asesina inocentes a cuando lo hace un guerrillero. De su opinión respetuosa del por qué prefiere asumir ciertos riesgos y ceder algunos puntos.

7-Infórmese y comparta; ante la campaña de desinformación lo mejor es estar bien informado. Hay algunas paginas con videos  pedagógicos muy chéveres que explican los acuerdos y el conflicto . Téngalas en cuenta y compártalas. Son más constructivas que los memes anti-uribistas.

8-Aproveche la desinformación como un punto a favor, cuando la gente se empiece a dar cuenta que le han estado engañando va a empezar a cuestionar su voto pues se va a sentir utilizada. Comparta respetuosamente en redes y guarde en su celular la evidencia de la falsa información que esté circulado y muéstrela (Abajo dejo algunos links). Invítelos a pensar ¿Si los acuerdos son tan malos, qué necesidad tienen algunos de fabricar mentiras sobre ellos? … permítale reflexionar sobre eso.

9-Traslade la paz a otros puntos: Los del No están enfrascados en dos aspectos (participación política FARC y cárcel) hable de los otros puntos; Desarrollo Agrario, Participación Política, Problema de Drogas, Reparación de víctimas y esclarecimiento de la verdad, etc.

10-Hable de los escenarios posibles: Una forma de esclarecer la toma de decisiones en el presente es visualizando las implicaciones que éstas tendrán en el futuro teniendo en cuenta factores reales. Dialogue sobre sobre qué pasaría si gana el Sí y que pasaría si gana el No. Es clave que investigues un poco sobre ambas opciones, hay varios artículos serios al respecto.

11-Sepa cuándo abortar la misión; lo que está en el centro es la capacidad de perdonar; no importa qué tan empático sea, cuántos argumentos de a favor de los acuerdos, cuánta evidencia muestre, cuántas razones históricas,sociales y éticas exponga; cuando una persona está cerrada, pues está cerrada. Respete el derecho a estar resentido, estreche su mano y retírese con dignidad.

12-Sea buena onda: Dicen que la paz es el camino y no la meta, sea paz desde ahora. El ejemplo es es la enseñanza más poderosa y la conducta más contagiosa. Haga  las paces, tome aire, perdone y dígalo, pida perdón, medie discusiones, no anime la cizaña, no hable mal de nadie. Haga que la paz se empiece a respirar desde ya en su lugar de trabajo y estudio, en las calles, en los buses, al saludar, con su familia, su pareja, sus amigos. Mande audios y emoticones positivos por WhatsApp. Recuérdele a su seres queridos que los ama, mire a los ojos, pinte y raye mensajes positivos en las paredes, en los baños, sonríale al espejo, a desconocidos, regale dulces, de abrazos largos, bese, comparta su buena onda. Inundemos el país de buena vibra.

Felicitémonos. Hemos sobrevivido! Felicitémonos porque nunca dejamos de sentirnos orgullosos de lo que somos, porque el Sí es un símbolo de nuestra esencia; salir adelante.

Bebamos pues, bailemos como sabemos hacerlo… celebremos el inicio de un sueño que habíamos pensado no llegaría: que la alegría alivie la amargura de quienes temen soñar y ser decepcionados.  Comienza un carnaval que el mundo entero observa. Y  preparémonos por que se viene lo más duro; hacer las paces siempre es más difícil que pelear porque nos exige sacar lo mejor de cada uno.

Evidencia de mentiras sobre el proceso:

https://www.google.com.co/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&cd=&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwjCqMSny-TOAhXIF5AKHQ7rD28QjRwIBw&url=http%3A%2F%2Fwww.elheraldo.co%2Fnacional%2Fcinco-puntos-para-entender-la-polemica-con-el-ministerio-de-educacion-277379&psig=AFQjCNHnbnWVKium3GApqyCDad0t0kXSVQ&ust=1472490106162520

 

 

COMO YO LE DOY. NOTAS SOBRE SUELTA COMO GABETE Y EL REGETÓN

Me gusta este artículo porque está en el punto exacto donde limita superficie y fondo… lo apolítico y lo políticamente in-correcto.

Fashionista Enclosetada

Si los hinchas de fútbol van al estadio con la camiseta de su equipo, yo voy a un concierto de reggaetón con la pinta del perreo. Botas tipo Timberland compradas en Kennedy por cincuenta mil pesos, jean blanco de producción nacional, camiseta negra que parece una gran bolsa de plástico estampada con letras doradas, chaqueta negra de cuero y gafas con efecto espejo. Como muchas otras cosas, el reggaetón (en adelante reguetón) tiene su propio código de vestuario: una suerte de mezcla entre las herencias del rap y el hip hop callejero, y bling bling gringo de cadenas de oro, aretes de diamante, vestidos cortos y apretados, tenis y tacones lo más llamativos que se pueda.

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El regetón, como muchos de los estilos que llamamos urbanos, tienen una fuerte reminiscencia del estilo noventero en donde se permite con todo el agrado usar tenis, pantalones o camisetas blancas, y ropa en…

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Las mujeres que me gustan

Me gustan las mujeres que no leerán esto porque no les interesa lo que un hombre opine sobre ellas. Me gustan las mujeres que sí lo leerán porque son curiosas, inquietas y abiertas…

Me gustan las mujeres complicadas; las mujeres que me confrontan y cuestionan; las que no se callan lo que no les parece. Las mujeres así te ayudan a ser mejor porque hacen que tengas que pensar dos veces lo que piensas y refinar constantemente cómo actúas.

Me gustan las mujeres de conciencia limpia y sexo sucio. Esas mujeres que actúan de acuerdo a su voluntad y por lo tanto no cargan con culpas y remordimientos.  Las mujeres con iniciativa, atrevidas, creativas e indisciplinadas. Las que la pasan bien cuando se portan mal. Me gustan las mujeres juguetonas, que te seducen con todo y sus palabras, gestos, cuerpo, ropa e inteligencia.

Me gustan las mujeres que persiguen su libertad. Las que no se cohíbe de hacer lo que quiere por cumplir con lo que el mundo les exige; las chicas que tampoco sienten culpa cuando hacen lo que quieren. Las mujeres que que buscan liberar su actuar y su conciencia son como diosas; esas son las que te conectan con tu grandeza y  te muestran un horizonte de posibilidades que tu mente aún no concibe.

Las que hacen lo que quieren y rechazan lo que no quieren. Que son claras cuando quieren decir sí y cuando quieren decir no. Las que no prometen más de lo que están dispuestas a dar.

Sólo puedo confiar en las mujeres que ponen su propio cuidado por encima del mío. Pues sólo las que se aman a sí mismas pueden compartir un amor sano. Una chica que se cuida a sí misma, sabe cuidar a quien la acompaña.

Las mujeres que esperan ser salvadas son tu perdición; recuerda que todo redentor termina crucificado y todo héroe martirizado. Nadie puede darle a nadie el amor que no tiene por sí mismo.

Me gustan las mujeres que cuidan su aspecto porque se quieren y no porque busquen aprobación o cariño a través de su físico; esas que tienen su propio criterio de lo que es verse guapas. Mujeres así expanden tu noción de lo que es la belleza… te enseñan que la sensualidad tiene que ver más con el movimiento que con la figura.

Me gustan las mujeres que bailan rico porque disfrutan bailar y lo hacen con la música y su cuerpo, no las que lo hacen para aparentar sensualidad.

Amo a las mujeres que aman estar solas, las que conocen sus gustos, sus pasiones y miedos. Las que hablan bien de sí mismas y no se insultan. Cada minuto con chicas así es un regalo, porque perfectamente podrían estar solas pero eligieron compartir ese momento contigo; no te usan para llenar vacíos.

Me gustan las mujeres que se valoran y no humillan a nadie con su grandeza. Ellas son las que saben pedir perdón cuando fallan, las que saben valorar lo que eres porque se valoran a si mismas.

Una mujer que no se respeta a sí misma nunca te va a respetar de verdad.

Me gustan las mujeres que tienen sus reglas claras. Las mujeres así no te traicionan porque no necesitan prometer nada que no vayan a cumplir.

No me gustan las mujeres complacientes; una mujer que cede a tus caprichos te hace mal porque te vuelve dependiente e infantil, una chica que te complace en todo y se sacrifica por ti es una chica infeliz y las mujeres infelices te amargan la vida y te secan el alma. ¿Ves?

Yo prefiero las que se solidarizan con mis intereses y que me invitan a compartir compartir los suyos.

Me gustan las mujeres con buen apetito; las que -si se les antoja- sacan comida de mi plato o ponen su mano entre mi pantalón.

Me gustan las mujeres que se tocan y exploran su sexualidad… con una mujer que conoce su propio placer podrás surcar un océano de gozo. Me gustan las mujeres que se comunican en la cama;  las que te devoran, las que te dicen por acá sí, por acá no… por acá otra vez.

Las que te dicen hola cuando te encuentran simpático y adiós cuando te pones idiota. Las mujeres exigentes, las que saben detenerte cuando lo estás arruinando. Las que demandan orgasmos, respeto, conversaciones, afecto y diversión; son esas las que te hacen crecer como amante y persona.

Me gustan las mujeres valientes que se atreven a viajar solas y a enamorarse; las que son fieles a sí mismas. Las que saben ser amigas y hermanas de otras mujeres pues son ellas las que más desarrollan el poder femenino… y compartir con una mujer poderosa multiplica tu propio poder.

Me gustan las mujeres que gimen sin pudor, las que lloran, se enojan y ríen con ganas… las que comparten contigo sus miedos y sueños.

Las lunáticas, brujas y guerreras que al mostrarte tu propia vulnerabilidad y ceguera te permiten conectarte con tu fortaleza y lucidez.

Me gustan las mujeres que se entregan enteras sin dejarse poseer.

 

 

Un desnudo

He tomado una decisión vital; comprometerme activamente con la igualdad de género. Es vital porque involucra todos los aspectos de mi vida; mis espacios laborales, mi vida familiar, romántica, mis ratos de fiesta, mi forma de pensar sobre los demás.

Quiero trascender las palabras y el discurso para llegar a acciones concretas. Y este escrito, aunque esté lleno de palabras, también será una acción.

Siempre he creído que se necesitan ciertos rituales de cierre para establecer nuevos comienzos. Hoy quiero exponerme, desnudarme  y confesar una serie de actos machistas que a lo largo de mi vida llevé a cabo pero no era consciente de que eran violentos.

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Quiero confesar y pedir disculpas: Necesito liberarme de eso para emprender este compromiso.

1- El primer episodio machista que recuerdo haber ejercido en mi vida fue a los diez años. Fui a una finca con mi mamá y me gustó una niña de ocho años que era hija de los encargados de la parcela.

Como yo era un niño (varón) de la ciudad, “hijo de patrones”, había cierta presión para que la niña consintiera a mis caprichos. Por eso ella aceptaba que jugáramos en sitios solitarios a los juegos que yo quería. Yo tenía un dinosaurio de juguete que caminaba cuando le dabas cuerda, ella me lo pedía prestado pero yo no se lo prestaba por puro egoísmo; mis intereses estaban por encima de los suyos.

Cuando la quise besar ella no quería. Así que le propuse prestarle mi dinosaurio de juguete a cambio de besos.

Por más inocente que pueda parecer esta historia, encarna un patrón machista que se sigue reproduciendo en las relaciones donde un hombre se aprovecha de su posición de poder para obtener lo que quiere de la mujer. Cambiar un juguete por un beso o un aumento salarial por sexo, tiene una misma raíz; la desigualdad de género.

Hoy le pido disculpas a esa niña porque la presioné a hacer algo que no quería, porque subestimé sus besos y los equiparé a un objeto material. Porque en lugar de haber construido una amistad con ella, prestarle mi dinosaurio, dejarme guiar por ella a través de la finca que ella conocía; opté por imponer mi voluntad. Le pido disculpas porque a lo mejor fue su primer beso y lo dio bajo condiciones indignas y no sé a largo plazo cómo pudo afectarle eso.

2-Cuando tenía catorce años estaba encantado con el trasero de una compañera de mi salón. Me gustaba tanto que quería tocarlo, así que simplemente pasé cerca de ella caminando y con mi mano la rocé disimuladamente para que pareciera un accidente (ni siquiera lo disfruté). Ella me gritó “estúpido” y yo actué como si no entendiera lo que sucedía. Cuando se acercaron mis compañeros y el profesor para ver lo que pasaba, mi “inocencia” se impuso gracias a que mis compañeros hombres me apoyaron diciendo que ella estaba loca. El profesor pareció creerme a mi o simplemente decidió no darle importancia.  De esa forma, además de acosada, mi compañera fue burlada y humillada.

Querida J, quiero que sepas que me sentí muy mal por eso y te pido disculpas. Ahora que lo pienso, también lamento que ninguna de tus amigas insistiera en averiguar lo que sucedió, en apoyarte y creerte… ellas también deberían pedirte disculpas por eso.

3-La relación amorosa más linda que he tenido inició cuando decidí hablarle a una chica de la Universidad. La vi pasar, me transmitió una energía hermosa y me dije “voy a buscarla”. Al día siguiente -era jueves- caminé por diferentes sitios del campus buscando encontrarla, cuando me estaba dando por vencido la vi caminando hacia la dirección donde yo estaba. Le dije “Hola, te estaba buscando”, nos tomamos un café, hablamos, caminamos y nos enamoramos.

Dos años estuvimos juntos, dos años donde fui feliz, dos años en los que fui el centro de atención, el centro de sus caricias, sus elogios, sus cuidados… dos años en los que yo estaba feliz y ella no tan feliz. Siempre lo supe pero me hice el de la vista gorda porque estaba cómodo. ¿Y luego? Luego me gradué, mis prioridades cambiaron y quería estar soltero. Así nada más.

Le puse una cita en la Universidad, un jueves, la invité al mismo café donde hablamos la primera vez, nos sentamos en la misma mesa, en la misma ubicación. Le terminé. Yo… así, unilateral, sin consulta, sin compasión. Le propuse que fuéramos amigos, ella aceptó porque estaba enamorada de mi y quería tenerme cerca. Yo lo sabía.

Mientras fuimos amigos la seducía para tener sexo, teníamos sexo y la confundía. Ella estaba sufriendo… no aguantó más, me dijo que no me quería volver a ver nunca más. Yo le dije “esta bien, gracias por todo” no creí que hablaba en serio. Pero sí, hablaba en serio.

Un año después la encontré en la calle por casualidad; su reacción al verme fue como la de un niño que se encuentra un perro que lo ha mordido. En sus ojos vi un corazón roto en mil pedazos.

Sólo hasta ese nomento me sentí mal, me sentí culpable. Empecé a darme cuenta de mis fallas y la volví a buscar para que me perdonara, para tomarnos un café… Y ella me rechazaba, cada vez con más fuerza, más radical… inquebrantable. Nunca accedió.

Después de una experiencia con Yahé entendí que, aunque yo creía que actuaba bien, buscarla para que me perdonara era la peor canallada que podía cometer; comprendí mi infinito egoísmo; Era Yo el necesitaba hablar con ella, era Yo el que necesitaba que me perdonara para dormir tranquilo en las noches, para espantar esa sensación en la carne… la sensación de la culpa que era como decenas de alacranes enterrándome sus patas en todo el cuerpo.. en la cabeza. Yo creía estar haciendo lo correcto pero me equivocaba nuevamente porque ella lo único que quería era que la dejara tranquila… borrar mi voz y mi nombre pero  yo no cooperaba; una vez más quería que las cosas fueran a mi manera; que ella me abrazara y ne dijera “te perdono”.

A pesar de todo, yo no me siento victimario y no la veo a ella como víctima. Me parece peligrosa esa manera de ver el machismo porque reafirma la idea de la mujer como el sexo débil. Prefiero verlo en términos de responsabilidad compartida; yo tuve responsabilidad en la medida en que actué injustamente con ella, en que sabía que sufría y no me esforzaba lo suficiente para que estuviera bien, pero ella fue responsable también  por poner mis necesidades por encima de las de ella, por callar su dolor… por permitirlo, por no exigir el trato que merecía.

4-En el colegio y en la Universidad siempre me caractericé por ser un estudiante crítico; cuando no estaba de acuerdo con una metodología o un planteamiento no tenía problema en argumentarlo y movilizar a los otros para que me apoyaran en los cambios que necesitábamos para mejorar académicamente. Hoy, en el ejercicio de reflexión  que me encuentro, me doy  cuenta que la mayoría de mis críticas más duras iban dirigidas hacia mis maestras. También debo confesar que -aunque nunca lo expresé públicamente- muy para mis adentros, mis blancos eran profesoras que a mi juicio se vestían mal o a las que encontraba poco atractivas.

Le quiero pedir disculpas a esas maestras, no por mis críticas, ya que éstas eran legitimas en sus argumentos, sino por dirigirlas especialmente a ellas y no a otros maestros y maestras que también las merecían. Pues ahora que lo pienso, tuve profesoras peores a las que nunca critiqué sólo porque las encontraba atractivas y de “buen gusto” al vestir. Les pido disculpas porque la ropa y el aspecto de mis maestros varones no influyó en lo más mínimo para activar mi radar de estudiante crítico. Porque tuve maestros varones mucho peores que ni si quiera se esforzaban en disimular su mediocridad y jamás moví un dedo para exigirles más… Tal vez porque les temía a ellos por ser hombres (en realidad no estoy seguro).

 

Pedir perdón sin hacer nada para reparar o compensar es un acto vacío y falso; es por eso que me comprometo definitivamente a hacer lo que esté a mi alcance para que exista mayor igualdad entre hombres y mujeres; me comprometo ser más consciente de mi machismo, a ser más empático con las necesidades e intereses de las mujeres y más reacio y duro con las prácticas y discursos que minimicen su valor o las denigre.

Me comprometo a poner mi humanidad por encima de mi virilidad, a esforzarme por ser consciente de los beneficios que tengo por el sólo hecho de ser hombre y no aprovecharme de ellos… a promover el amor y el respeto por las mujeres libres sin esperar nada a cambio.

 

 

 

Me gustas porque me descuadernas.

A lo largo de mi vida pude adquirir cierto conocimiento y habilidades para acercarme a las mujeres que me gustan. No se trata de nada al estilo “tips para conquistar mujeres”, sino más bien de cierto refinamiento dado por ensayo y error.

Contigo es diferente; porque esa lógica se rompe. No es exactamente errores los que he cometido contigo. Entendiendo el error como una acción desacertada que no te permite obtener los resultados esperados; se trata de otra cosa… de que nada de lo que haga entra en las categorías aciertodesacierto.

No me miras cuando quiero que me mires, no me besas cuando quiero que me beses, no me dices las palabras que quiero escuchar; y sin embargo estás ahí y de alguna forma que aún no entiendo me haces saber que te gusto y te intereso.

Y así, descuadernándome, desbaratando mi proceder, haces obsoleto mi repertorio.  Cosa que agradezco porque me has hecho consiente que  –aunque me duela admitirlo y vaya en contra de lo que creía de mi mismo–   era unilateral para seducir. Generaba unos estímulos, esperaba la reacción de la chica y me acomodaba a las circunstancias. Me haces consciente de que en el fondo… muy en el fondo, creía a las mujeres iguales, simples y manipulables.

caos

Y eso me lleva a descubrir mi inmenso egoísmo, a entender por qué el romance me genera estrés y por qué establezco relaciones sufrientes con las chicas que quiero. Me llevas a entender que el criterio para considerar “estar bien con alguien” no era más que el nivel de correspondencia de mis deseos con sus acciones; el nivel en que ellas satisfacían mis necesidades.

Evidentemente hay mucha responsabilidad en ellas porque ninguna me descuadernó desde el principio… sólo cedieron y cedieron al punto de volver insostenible la relación. Y tal vez cedieron a mi egoísmo porque a cambio recibían mi ternura, mi pasión y buen trato… y porque el mundo está lleno de tantos idiotas que es mejor  egoísta majo que egoísta maltratador. O a lo mejor sí me intentaron descuadernar pero no tuve la capacidad e intención de verlo, porque me faltó empatía y sensibilidad.

Me invitas a despojarme de artilugios y a establecer una conexión genuina y sensible contigo, a conectarme con lo que quieres, o lo que es mejor, a descubrir juntos lo que queremos. A quererte y satisfacerte como a ti te gusta que te quieran y te satisfagan… y no como a mí me gusta hacerlo.

Me invitas a bailar una música que nunca había escuchado… o lo que es mejor, me invitas a escuchar la melodía de tu ser mientras bailo con zapatos nuevos.

Un piropo elegante al Reggaetón

Todo el mundo sabe qué es el Reggaetón, todos hemos escuchado ese pum taka ta  pum taka ta pum alguna vez. Es la única música urbana que ha logrado tener la aceptación de todas las generaciones. A diferencia del rock, la electrónica o el rap; el reggaetón está presente y es tatareado (incluso bailado) por niños, papás… incluso abuelas.  Creo que lo que al principio parecía una moda, se convirtió en un fenómeno mucho más interesante de lo que creíamos.

Todos los aspectos humanos tienen su música; el tango le canta a la nostalgia, la música popular al despecho, el rap a la injusticia social, la balada al amor. El reggaetón le canta al deseo sexual; es su esencia. Y tal vez por eso recibe tanta crítica; porque nos sonroja.  Algunas de las críticas más comunes son:

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Sólo habla de sexo; Quienes no lo oyen piensan que el reggaetón sólo dice “te voy a comer, te voy a perriar”. Pero en realidad el género refleja profundos cambios de las relaciones modernas. Cuestiona la inmoralidad de la infidelidad, habla del amor en las redes sociales, la vida nocturna, la independencia de las mujeres y protección ante el despecho. Pone en el centro vínculos donde el placer es más importante que el compromiso.

Es pura violencia sexual: Claro que hay violencia sexual! A muchos hombres nos gusta follar así y –ojo– a muchas mujeres también les gusta (¡y mucho!) que les den palmadas, que les digan palabras sucias mientras se les hace el amor. Algunos olvidan que los seres humanos somos multifacéticos, y así como algunos días queremos hacerlo “duro contra la pared”, hay ocasiones en que queremos hacerlo suavemente al calor de unas velas.

Trata a la mujer como objeto sexual; En algunas canciones esto es claro (https://www.youtube.com/watch?v=WyB87-8TQ7w), pero en otras no es cierto. Lo más paradójico, lo más chistoso de todo es que gran parte de las letras son una exaltación a la liberación sexual femenina. Son letras que celebran que las mujeres gocen de su cuerpo cuando quieran, donde quieran y con quien quieran, rompiendo con el recato y la rigidez que las reprime. A diferencia de nuestra música tradicional en la que hombres le cantaban a hombres para acceder a la mujer (“Te compró a tu novia” merengue, “Dame tu mujer José, dime cuando me la darás” cumbia), el reggaetón habla directo a la mujer y sus intereses (https://www.youtube.com/watch?v=sBdexAXwgas)

Es pobre musicalmente; Muchos dicen que es el mismo sonsonete. ¿Pero qué género no tiene su ritmo característico? La salsa tiene su clave, el rap su golpe quebrado, el rock, pop y balada un compás ternario. Igual, hay que reconocer que en un principio no pasaban muchas cosas más allá del ritmo, pero esto cambió desde que en Colombia empezamos a producir reggaetón; inclusión de voces más románticas y sensuales,  pistas con percusión del pacífico, melodías de cumbia y vallenato, elementos del pop, el dub, breakbeat, electrónica, reggae y dance hall.

El reggaetón refleja muchas búsquedas y miedos modernos. Es un lugar de protección frente a un vínculo que está roto; propone las cosas como son. A diferencia de las baladas de los 60’s en que los hombres prometían lunas, protección y eternidades a las jovencitas cuando lo único que querían era acostarse con ellas, el reggaetón ahorra promesas y habla de frente; no te voy a engañar, esto es lo que quiero; acuéstate conmigo, quiero darte placer y también recibirlo.

Follé contigo pero no quería.

Me siento terriblemente mal porque, aunque me prometí no volver a hacerlo, he vuelto a tener relaciones sexuales sin quererlo realmente.

Nadie me obligó pero me sentí obligado. Siempre me hace sentir obligado cuando son ellas quienes toman la iniciativa. Antes, cuando era un adolescente, aceptaba sin querer para que no pensaran que era gay; ahora que estoy seguro de no serlo, acepto porque algunas chicas no han reaccionado bien ante la negativa, o porque no quiero lastimarles su orgullo, porque se supone que vale más cuando son las mujeres las que proponen.

Otras veces acepto porque la chica en cuestión me cae bien y siento que debo hacerlo para no perderla como amiga, lo he hecho por lastima o simplemente porque quiero evitar el momento incomodo del rechazo.

Es curioso porque ahora mismo, mientras escribo esto, me doy cuenta que sólo he descrito cómo las circunstancias me presionan a aceptar algo que no quiero hacer. Si lo pienso bien, también siento presiones internas, que vienen de la imagen de lo que un hombre debe ser. Una imagen que se construye desde la infancia cuando uno oye conversaciones de la gente grandey sigue reafirmándose durante toda la vida, en especial en el colegio cuando uno oye a chicos de cursos superiores contar sus faenas (y aunque en el fondo todos sabíamos que esas faenas eran mentiras o exageraciones, de alguna manera preferíamos creer en ellas).

Se supone que un hombre siempre tiene ganas, siempre está listo para aprovechar la oportunidad cuando se le presente. Nos han enseñado que el sexo es un ritual parecido al del depredador y la presa, donde la presa huye… se escabulle y el depredador, sutil, estratégico y hambriento persiste hasta devorarla.

Pues yo me niego a eso, maldita sea, me niego a ser un depredador… soy un hombre, no un tigre. Y también digo no, no y mil veces no;  las mujeres no son presas.

Creo que  el paradigma presa-depredador es absolutamente erróneo, los hombres no debemos sentirnos obligados a siempre tener apetito sexual, ¿Por qué carajos tenemos que preocuparnos tanto de ir a una fiesta con una chica o en su defecto regresar con una? ¿Por qué nuestra autoestima como hombres depende de eso?

Ahora bien, las mujeres tampoco son una presa, porque a diferencia de una conejita asustada que sufre cuando la atrapan, en el juego de amor las mujeres sí quieren ser “devoradas”… quieren devorar, para ser más literales, y disfrutan haciéndolo.

Creo que este paradigma no sólo es erróneo sino dañino, nos lleva a tener relaciones sexuales vacías, falsas  y poco placenteras. Nos lleva a los hombres, con la noble intención de jugar al cazador, a comportarnos como idiotas y acosadores inconscientemente. Nos lleva a pensar la (peligrosa) estupidez que cuando una mujer dice “no” es “si”.

Pero volviendo al tema de follar sin querer, yo me pregunto ¿por qué cuando una mujer rechaza a un hombre hay tanta naturalidad, pero cuando un hombre rechaza a una mujer es todo un desastre?

Cuando un hombre dice “no” su identidad sexual se ve cuestionada (“es un maricón”) o termina siendo un idiota o petulante.

¿Por qué a los hombres nos da tanto miedo aceptarnos a nosotros mismos que una chica no nos excita lo suficiente (así sea físicamente atractiva), que no nos sentimos en suficiente confianza o que simplemente no nos da la gana?

Creo que muchas de las falencias sexuales masculinas (en particular la eyaculación precoz) ocurren porque  los hombres tienen sexo sin estar realmente interesados, o lo hacemos motivamos por la idea de ser seres supersexuales, presionados a darle una faena sexual inolvidable a la chica.

Muchas mujeres dicen que los hombres follamos solo con el pene, sólo para satisface nuestro deseo; la verdad es que muchas veces lo hacemos pensando en darles todo el placer del mundo, en oírlas gritar y pedir mas (y darles mas) como en las películas porno que tanto nos confunden; lo hacemos para satisfacer nuestro ego de macho, una imagen que nada tiene que ver con ser hombre.

Follé contigo pero no quería, y al hacerlo me falté al respeto a mi, a ti y al hermoso y mágico acto del sexo. Probablemente luego me sentiste raro y no entendiste por qué y tal vez empezaste a maquinar y pensar en qué pudiste fallar… o probablemente estoy siendo un ególatra al pensar que me diste tanta importancia probablemente tú si querías y te lo pasaste bien y no te importaba tanto lo que pasara por mi mente.

 

La foto es de Juan Felipe Rubio